Francesco Borghesi (1927-2020), columna de homenaje del profesor Claudio Rolle

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Exponente de la mejor tradición humanista, Francesco Borghesi entregó a lo largo de varias décadas de docencia una constante invitación al razonamiento crítico y a la búsqueda de la libertad. Gran conocedor de la historia del Renacimiento y sus historiadores contemporáneos, Borghesi fue sobre todo un estudioso del mundo antiguo. Nacido en 1927 en Toscana siendo niño llegó a Chile donde se educó y e inicio sus estudios superiores en la Universidad Católica. A inicios de los cincuenta Francesco Borghesi se doctoró en la universidad  de Roma La Sapienza.

Los años romanos dedicados al estudio de la historia y la filosofía así como al descubrimiento, paso a paso, de la urbe dejaron una profunda huella en el acucioso profesor que con filológica precisión enseñó durante cinco décadas la historia antigua a muchas generaciones de profesores de historia y geografía y luego de filósofos e historiadores en formación. 

A lo largo de medio siglo de docencia realizó una contribución sólida y sostenida a los estudios humanísticos en la Universidad Católica y en otras universidades e instituciones académicas. Mantuvo viva la tradición del humanismo clásico no solo en varios de sus artículos –entre los que destacan textos dedicados a Dante, Petrarca y Maquiavelo- sino también a través de la promoción de la lectura y del desarrollo de bibliotecas. Importante fue en este sentido el puente levantado por Francesco Borghesi entre el medio chileno y la actividad intensa, creadora y original que venía del mundo italiano que logró  una importante donación de libros que la Universidad Católica recibió del Gobierno de Italia. Ya la biblioteca de la Scuola Italiana Vittorio Montiglio,  había sabido de su extraordinaria sensibilidad y su amplio criterio en la selección de los textos que la convirtieron en un espacio excepcional en este ámbito.

Francesco Borghesi fue un humanista de la estirpe de Petrarca, autor tan amado por él, que dejará una huella perdurable y viva en su forma de ver el mundo y sus retos. La invitación al cultivo de sí mismo y al desarrollo de las bonae litterae, esto es la lengua, la literatura y la enseñanza fueron rasgos distintivos y característicos de su docencia, que promovió la dedicación a los estudios que perfeccionan al ser. Borghesi representó el espíritu vivo del humanismo entre nosotros. Cuidadoso al máximo en el uso del lenguaje, gran conocedor de la literatura y amante de las artes y letras en el sentido más amplio, mostró  fidelidad a ese espíritu ocupándose con rigor filológico y agudísimo sentido crítico  de la elaboración de valiosas antologías de textos griegos para la comprensión de la historia antigua pero también de una excepcional traducción de Muratori. Como humanista puso su saber y su sensibilidad al servicio de la enseñanza y el cultivo del espíritu de quienes debía educar. Con enorme y discreta generosidad y un interés sin límites por las humanidades Borghesi se encaminó junto a los afortunados que fueron sus estudiantes por las huellas y obras de filósofos, por los laberintos de los textos de otros tiempos, por los caminos de  los textos sobre textos, por los campos cultivados por los  humanistas, ofreciendo aproximaciones a la filosofía de la historia, a la teoría, a las artes y las letras que testimonian la capacidad seminal del maestro que sabe cultivar las virtudes y talentos de quienes son sus alumnos. Fue un historiador que destacó en la función de sembrador  de ideas, de preguntas e inquietudes  y un inspirador de muchos que lo vieron como un ejemplo de la práctica del oficio de historiador con dedicación apasionada y total honradez. 

Con Francesco Borghesi aprendimos del sentido de las proporciones y de los limites, aprendimos a dudar y a proponer.  Nuestra deuda y gratitud  con él son enormes pues por sobre todo nos enseñó a mirar de otra forma el mundo y  procuró cultivarnos un espíritu libre para pensar, criticar, proponer, decir y decidir. Somos así también responsables de un legado que en nuestro trabajo debemos honrar para ser dignos discípulos de este gran maestro. De este modo el dolor de la muerte y su fatalidad se atenúan en alguna medida. 

Quienes sentimos su muerte por la partida podemos también valorar con otros ojos hoy día su rico legado, la obra de un educador incansable que, como el personaje de Giono transformo nuestro paisaje sembrando arboles de conocimiento y expresión de vida y  sobre todo de humanidad.

Claudio Rolle
Instituto de Historia UC



Fuente: Columna de Homenaje publicada en El Mercurio, 17, julio, 2020.