Revista Universitaria publica especial sobre cambio climático que incluye un extenso artículo de la profesora Francisca Reyes

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"Una apuesta por el planeta", es el título del extenso artículo escrito por la profesora del ICP, Francisca Reyes, y que abre el especial de Revista Universitaria UC "No hay Planeta B". El artículo analiza las COP o Conferencia de las Partes, que ya suman 25 con la chilena. Algunas hicieron historia por sus logros y otras dejaron frustrados a sus gestores. Entre unas y otras, los compromisos concretos han avanzado.  

En las COP o Conferencia de las Partes la comunidad internacional, al alero de la Onu, se reúne a negociar y discutir acciones para enfrentar el cambio climático y alcanzar consensos que se plasmen en acuerdos. La evolución del sistema de gobernabilidad climática global requirió de años de preparación, de pequeños bloques que se fueron construyendo y que tuvieron su punto cúlmine en el acuerdo de París. ¿Qué tanto se ha logrado y cuáles son las expectativas para la COP25?

Han pasado 25 años desde la entrada en vigor de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC, por sus siglas en inglés), el 21 de marzo de 1994. La misma edad que tienen muchos de mis alumnos que egresarán de sus carreras este año, y parece un tiempo prudente para preguntarse sobre los avances reales de esta apuesta por la conservación del planeta.

Lo primero que hay que reconocer es que la convención sigue estando al centro de los esfuerzos internacionales para abordar el riesgo que el fenómeno del cambio climático representa para las personas y las economías del mundo. Significa esto que, como cantaba Gardel, “¿25 años no es nada?” o, por el contrario, que como constataba Lampedusa, en El Gatopardo, “¿todo ha cambiado para que nada cambie en realidad?”.

Evolución y revolución

El llamado régimen de cambio climático, es decir, el conjunto de principios, normas, reglas y procedimientos para la toma de decisiones de los Estados en esta área particular de política internacional, circunscrita al cambio climático, evolucionó sustantivamente con la firma, durante la COP21 (2015), del Acuerdo de París. Este reemplazó al histórico Protocolo de Kioto, firmado en 1997 (COP3) y cuya entrada en vigor esperó casi 10 años (COP11, 2007).

Si bien el Acuerdo de París, al igual que Kioto, establece de manera centralizada el objetivo general de limitar el aumento de la temperatura media global por debajo de los 2ºC, hay tres cambios fundamentales entre ambos instrumentos que marcan una evolución notable del sistema de gobernabilidad climática y que vale la pena destacar.

En primer lugar, el Acuerdo de París establece ciclos de 5 años, en los que cada una de las naciones firmantes se compromete a realizar un esfuerzo individual de reducción de emisiones, sin distinguir niveles de desarrollo, a través de una contribución nacional determinada de manera autónoma e independiente (INDC).

Los miembros del Acuerdo de París (184 países a la fecha) acordaron así terminar con la histórica dicotomía entre los países desarrollados y los en vías de desarrollo, en términos de sus responsabilidades y roles en la problemática del cambio climático. Esto marcó una evolución notable en el concepto de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”, uno de los temas más complejos del acuerdo.

En segundo lugar, para verificar los progresos de cada Estado y, por cierto, el cumplimiento de sus obligaciones libremente asumidas con los INDC, las partes establecieron un mecanismo de transparencia con la obligación de acordar y comunicar públicamente sus INDC.

Así, el Acuerdo de París propone un enfoque bottom up, en términos de la fijación de la contribución que cada país hará a la problemática global, y un sistema de cumplimiento anclado en la transparencia y la evaluación de pares que, de funcionar, transformaría completamente el modo de operar del régimen internacional de cambio climático.


 

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FUENTE: Revista Universitaria, Nº 156, 2019