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Libro revela cómo las mujeres abrieron su propio camino en la UC

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«Las mujeres tienen la palabra (...)» revela el rol que tuvieron alumnas, profesoras, funcionarias y benefactoras desde 1888 a 1970. El primer tomo será dado a conocer el segundo semestre de 2020.

Desentrañar cabalmente la historia de la UC es una tarea que solo ha sido realizada una vez anteriormente. El libro que hoy prepara Verónica Undurraga y su equipo viene a complementar –y en algunos casos específicos– a modificar, hechos relatados por el historiador Ricardo Krebs, quien en 1986 tuvo la misión de investigar los hitos en torno a la universidad, desde su creación hasta 1988. En un esfuerzo inédito la publicación que se avecina, apoyada y patrocinada por la Dirección de Equidad de Género y por la Vicerrectoría Académica de la universidad, cuenta esta historia desde la óptica de las mujeres, hasta la década del 70.

LOS PRIMEROS PASOS

«Las mujeres tienen la palabra. Historia de las mujeres en la Pontificia Universidad Católica de Chile» arroja información que sorprende y derriba mitos. Por ejemplo, dice Undurraga, académica del Instituto de Historia, «Krebs señala que la UC se abrió a las mujeres en 1921, pero hemos constatado que la primera graduada data de 1922: Celia Pérez, de Derecho». Asimismo, relata, la primera oyente fue registrada en 1889, solo un año después de que abriera la casa de estudios.

Si bien en la época en que se creó la UC no existía una prohibición expresa para que ellas estudiaran, esto era un hecho aislado. La primera graduada –Eloísa Díaz, Medicina, U. de Chile–, solo había salido dos años antes y recién en 1891 se abrió el primer liceo de niñas en Valparaíso. «La mujer ingresó a la UC por agencia femenina», es la hipótesis que se sostiene en el libro, es decir, las féminas cimentaron su propia ruta en la universidad desde un comienzo, en años en que la institución no estaba interesada en po- tenciar su presencia. Así, a diferencia de la educación masculina, impulsada por el Estado, las mujeres abrieron su propio camino con interés y voluntad.

«En los años 20, la UC abrió sus puertas a la formación femenina con el objetivo de educar a mujeres según su rol tradicional de género en la sociedad moderna», explica. En 1924, por ejemplo, se creó el Curso Femenino, que luego se transformaría en el Instituto Femenino, que buscaba ampliar la educación de las mujeres católicas preparándolas para ejercer, en un futuro cercano, los derechos civiles y políticos de los que estaban marginadas. También se las formaba para que cumplieran adecuadamente su papel de esposas y ma- dres. Asimismo, en 1929 abrió la Escuela de Servicio Social. «La Iglesia validaba que las mujeres ejercieran actividades de asis- tencia: al pobre, al enfermo, o a los niños, como pedagogas».

  

MATRÍCULA FEMENINA

Además del interés por estudiar –no sólo carreras tradicionalmente asignadas a ellas–, hubo otras (como María Luisa Santander o Dolores Gandarillas) que se inclinaron por la filantropía. Hasta 1949, la investigación ha constatado el importante papel que desempeñó la beneficencia femenina en el desarrollo de la universidad, sobre todo en relación a la donación de propiedades. Undurraga revela que esta fue una de las formas de «agencia» femenina que a la vez, logró asentarse gracias a los vínculos que existían con el partido conservador y el Arzobispado. En la época, se crearon organizaciones como Acción Católica Femenina o el Hogar Catequístico. 

«En la UC confluyen muchos tipos de mujeres. Durante la década de 1940 la matrícula femenina se había hecho importante dentro de la universidad, lo que coincidió con el alza de prestigio de esta institución en correlación con la U. de Chile. Fue en ese contexto que se establecen cuotas de género para favorecer al hombre y se pone un límite a la matrícula femenina». Lo anterior, explica, se relaciona con el hecho de que se privilegió educar a hombres católicos, que en el futuro dirigirían el país y de los que se tenía mayor certeza que finalizarían sus estudios. «Mujeres en un mundo de hombres» es el título de uno de los pasajes que aborda también, la realidad de las profesoras. ¿Cómo se relacionaban las feministas cristianas y las liberales de vanguardia con la UC? ¿Qué acciones femeninas autónomas fueron incorporadas a la universidad? Son algunas de las revelaciones que hará esta publicación. Un libro que contribuirá a la historia del plantel y a la historia económica, política y educacional del país y la región.



NOTA DE PRENSA: Violeta Bustos

Publicado en Visión UC, Septiembre 2019



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