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EN PRIMERA PERSONA: Marcelo Lagos trepa por Chile

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Todas las semanas estoy en un lugar diferente de Chile. Además de hacer clases en la UC, dicto charlas en colegios y hago reportajes para Canal 13. El último año y medio, la mayoría de estas notas se ha vinculado al cambio climático. Grabamos el fin de semana, temprano, dormimos poco, manejamos, navegamos o volamos. Sin querer me he transformado en una persona pública: cada vez que llego a una localidad, la gente se me acerca para contarme sus problemas. A veces estoy en el matinal explicando algo, es como si estuviera ahí, con ellos, mientras comen pan con mantequilla en el living, y cuando me ven en persona me tratan como a un par.

Como geógrafo siempre me ha tocado moverme por el país. Todo marca, todo suma y cada experiencia deja marcas. En mi recorrido tras la huella del cambio climático he visto cómo esta realidad afecta a los más pobres, a quienes dependen más de las condiciones naturales. De norte a sur he conocido muchas historias. Me afecta particularmente la retrospectiva de las personas mayores que recuerdan cómo era antes, cuánto llovía, que recuerdan el verdor de sus frutales, que recuerdan hasta dónde llegaba el glaciar, que recuerdan hasta dónde corría un río. 

Los principales afectados no necesariamente hacen una conexión científica con los procesos de la naturaleza. Para ejecutar acciones que permitan tener un mejor planeta donde habitar, se necesitan conductas para cuidarlo, pero para eso debemos comprender de qué hablamos cuando hablamos de cambio climático global. Desde la academia podemos acercarnos de diversas maneras, pero nuestro trabajo tiene que tener una bajada. Los reportajes son una excelente vitrina para explo- rar de forma inteligente el impacto o consecuencias que nos afectan como país. Esta labor se transforma en educación para mitigar los efectos del cambio climático. 
 

EL EQUIPO

Trabajo con un excelente equipo. Caí en un grupo humano altamente calificado en cuanto a periodismo investigativo y hemos encontrado un vínculo que nos permite decidir estrategias para realizar reportajes de calidad. Suelo viajar con una o dos personas, que saben grabar, editar, producir y manejar drones. Viajamos por mar o por aire, y luego generalmente arrendamos una 4x4. No soy el rostro para nada. Soy uno más en el equipo y participo activamente en la producción de cada uno de estos reportajes. Yo no muero por el rating, pero sé que los medios sí y, a nal de cuentas, la respuesta de la audiencia ha sido buena.

Nuestro criterio para recorrer el país ha sido que Santiago no es Chile y que, dada la longitud del territorio, es importante abordar las temáticas del norte, centro, sur y la zona austral. Hemos privilegiado distintas áreas geográ cas con problemas que uno puede explorar y armar un argumento que permita sensibilizar a la comunidad en temas de cambio climático. Originalmente hablamos de fenómenos particulares como la sequía, pero luego tomamos una decisión: mirar de frente el cambio climático. 

En el norte hemos abordado la desertificación y degradación de suelos; en la zona central el derretimiento de glaciares, el retroceso de la masa de nieve y hielo en la cordillera y su relación con el agua como recurso; en zonas más al sur el tema de los glaciares también ha sido transversal. Próximamente partiremos en un vuelo a la Antártica para hacer un reportaje en profundidad sobre la plataforma y su quiebre. Los temas que elegimos son aquellos que presentan causalidad. No implica que todo lo que cubrimos es consecuencia del cambio climático, sino que en la medida que empiezan a aparecer procesos continuados e intensos mezclados con altos niveles de vulnerabilidad, surge la pregunta de si están siendo detonados por el cambio climático.

Claro ejemplo de lo anterior son los incendios de este verano, los aluviones en el norte y centro del país o la nevazón en Santiago; algunos de estos fenómenos desataron el caos de los servicios. La ecuación es diálogo entre naturaleza extrema y la sociedad altamente expuesta. Frente a este panorama, buscamos conectar a las personas con cómo convivir de manera sustentable con la naturaleza, promover estilos de vida más simples, que se orienten, por ejemplo, a disminuir el consumo de combustibles fósiles. 

PARA LAS PRÓXIMAS GENERACIONES

En general, intentamos hacer uno o dos reportajes mensuales, pero siempre conectados con la contingencia, es decir, si ocurre un aluvión le daremos visibilidad a ese hecho concreto, lo mismo si ocurre un terremoto. Al menos todo lo que queda del año seguiremos abordando el cambio climático, recorriendo diversas geografías, sin dejar de involucrar a nuestra comunidad científica.

Estos reportajes son también una vitrina para aquellos investigadores que están en terreno o que trabajan incansablemente en sus laboratorios. La idea es dar visibilidad a todas las personas que aportan en estos temas, como el Centro UC de Cambio Global, por ejemplo, y también académicos de diversas universidades. Queremos dar a conocer el trabajo de los cientificos y vincularlo a lo que sucede en el territorio nacional. Es una bajada hacia quienes viven en el mundo real.

En Chile aún falta tomar conciencia. Sin embargo, es positivo que el país haya impulsado un marco de acción rmando el COP en Francia. A diferencia de otros países –no quisiera decir Donald Trump–, somos más responsables. Desde la Presidenta de la República hacia abajo, las autoridades están conscientes de que el cambio climático llegó para quedarse. Existe una intención de ocuparse de estos temas –recientemente se creó una asignatura sobre cambio climático en los colegios– porque sabemos que si no, no va a quedar nada para las generaciones futuras.

No solo falta educación, sino también mirar el tema de frente. El Estado ha dado una señal clara, ahora falta que se detonen las conductas para que las personas vivan de mejor forma en la naturaleza. Puede parecer difícil en una sociedad de consumo que no es consciente de su huella ecológica, pero solo basta mirar un poco más allá y todos podremos sensibilizarnos al respecto.

Personalmente, si hago memoria y viajo en el tiempo para re exionar sobre cómo he observado los cambios que han ocurrido en la naturaleza, vuelvo a mi época de estudiante de Geografía UC. Me veo en el curso de Montañismo con el profesor Claudio Lucero en el glaciar del Morado a mediados de los ‘90. Quedé maravillado en ese entonces por el entorno, en una época donde ni siquiera se podían tomar fotografías digitales.

He vuelto a ese lugar, porque suelo hacer senderismo de montaña y he visto cómo ha ido retrocediendo el glaciar, además, por estos días el lugar está cerrado por el aluvión que afectó la zona. Es mirar en perspectiva cómo avanza el ciclo que implica no relacionarse de forma justa con el medio ambiente. Vivenciar en terreno esta situación me ha permitido refexionar sobre la falta de justicia territorial y cómo los procesos de la naturaleza extrema afectan de forma diferenciada a nuestra comunidad» 

¿Por qué geografía? 

«En mi época (voy a cumplir 45 años), la oferta de carreras vinculadas a temáticas ambientales era reducida. Nunca me vi en una carrera tradicional y siempre fui seguidor de productos que en ese entonces tenía a mi alcance: Cosmos, Jacques Costeau, la revista National Geographic amarilla que sigo coleccionando. Evidentemente, influyó en mi decisión el ser de provincia. Soy ariqueño, lo que me permitió ser libre, ser un callejero, estar en el mar. Cuando llegó el momento de elegir no sabía bien. Estaba pensando hasta en ingeniería comercial, arquitectura, pero me daba vueltas oceanografía y meteorología. En un momento clave tuve la oportunidad de conocer lo que hacían los geógrafos y ahí fue cuando tomé una decisión y averigüé donde estudiar. Elegí la UC. Al poco andar supe que era lo que me gustaba porque me iba cada vez mejor». 

Publicado en VISIÓN UC, Nº 267. Agosto, 2017